Era culpa de mi consultora Tupperware
En el año 1999 mi consultora Tupperware mencionó varias veces que una amiga suya tenía una agencia de transcripción y buscaba a alguien que supiera escribir rápido. Acepté la oferta.
Podía enseñar mucho a mis jefes
Rápidamente me di cuenta de que la transcripción de la palabra hablada era lo mío. Me encantaba discutir con mis jefes sobre la ortografía correcta — y casi siempre “ganaba” esas batallas.
Mi visión creció
Tenía una visión que quería hacer realidad: una gran oficina con incontables escritorios y personal escribiendo sin parar. Nada menos que eso era mi objetivo.
Crecimiento
Hoy cuento con un equipo de unas 80 manos ágiles. Conseguí mi primer cliente en 2001 y el número de clientes habituales fue creciendo — para transcripciones, protocolos, traducciones y entrada de datos. En 2011 se completó el paso del servicio de mecanografía a la oficina de comunicación escrita.
No es un trabajo, es mi vocación
Sigo aprendiendo cosas nuevas de personas a las que de otro modo nunca conocería. Mi tarea principal hoy es ser una solucionadora de problemas. Estoy orgullosa de que, en todos estos años, las veces que no pudimos entregar a tiempo se cuentan con una mano.